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miércoles, 24 de agosto de 2011

Excelente jornada de observación en espacio profundo

¡Hola!
Voy a compartir con vosotros la que es, de momento, mi mejor jornada de observación telescópica. Dicha jornada sucedió ayer, entre las 21 y las 22GMT, es decir, entre las 23 y las 24 locales. La calidad del cielo era excelente, buen seeing, ni el más mínimo soplo de aire, aunque bastante humedad.

Simulación del cielo a simple vista
Simulación del cielo y contaminación lumínica hacia la mitad de la observación, por Stellarium


Tras transportar el telescopio, junto a los oculares y el Sky Atlas 2000.0, empecé con mi aclimatación a la oscuridad. Gracias a la ausencia de farolas visibles y de ventanas iluminadas, ésta fue muy rápida. Mientras tanto, apunté con el telescopio a Polaris para efectuar pruebas de colimación y comprobar si el buscador estaba alineado. Ambas pruebas fueron satisfactorias. Una vez terminadas las pruebas, mis ojos estaban aclimatados a la oscuridad, de manera que, sin dificultad, podía ver la débil franja de la Vía Láctea, que iba desde la zona de Sagittarius hasta Cassiopeia (dicha constelación, al principio de la observación, no era visible, debido a que la zona estaba cubierta por alguna nube), siendo la zona más brillante la zona de Lyra, debido a su situación, más al cenit.
Tras ello, mi primer objetivo era ese, el cenit. Siendo más precisos, el objetivo era una estrella de la magnitud 4.7, que era el límite de magnitud de la noche (en otras noches, el límite era de 4.8, pero en ésta noche había bastante humedad). Dicha estrella era muy cercana a Vega. Con el buscador, la estrella se desdoblaba en 2. Y, con el telescopio, cada una de esas 2 estrellas se desdoblaba en otras dos. Exacto. Estoy hablando de Epsilon Lyrae. A pesar de la humedad del aire, se distinguían las 4 estrellas con visión directa, pero se veían mejor con la técnica de visión alejada.

Simulación de Epsilon Lyrae

A continuación, apunté a otra estrella cercana, pero más brillante. Se trataba de Sadr (Gamma Cygni), para intentar ver IC1318. Sin embargo, y aunque la nebulosa se intuía (probablemente, debido a las esperanzas de verla), el brillo de Sadr, junto a la humedad en el ambiente, hacía casi imposible ver algo. Entonces, mis observaciones en la zona del cenit acabaron.
Tras dichas observaciones, miré el Sky Atlas, esperando encontrar algo. De repente, mis ojos se clavaron en un objeto de espacio profundo. ¿Cómo se me podría haber olvidado? Rápidamente, cogí el telescopio y, de un solo movimiento, puse, en el centro del retículo del buscador, una estrella de Hércules, la cual aparecía borrosa. Puse el ocular de 25mm y... ¡ahí estaba! Se trataba del cúmulo globular M13, o Cúmulo de Hércules. El objeto, con los 48 aumentos del ocular de 25mm, era espectacular. Y, si ya era espectacular con esos 48 aumentos, con los 120 que daba el ocular de 10mm era... no hay palabras para describirlo. Podían distinguirse muchas de sus componentes, y alrededor del cúmulo, unos 5 brazos (y alguno más que se conseguía con la técnica de visión alejada), que le daban al cúmulo un aspecto de cangrejo o araña.

Dibujo de Messier 13 por Jeremy Perez, con unos aumentos y un campo similar al mío
Dibujo de Messier 13, con unos aumentos y campo similares a los míos con el ocular de 10mm


Por último, y para finalizar la observación, me propuse observar la galaxia M31, también conocida como Galaxia de Andrómeda, pero ésta estaba situada tras una chimenea, por lo que su observación era dificil. No obstante, encontré el Doble Cúmulo de Perseo, el cual, aunque no cabía en el campo del ocular de 10mm, sí lo hacía con el de 25mm. Era espectacular. Simplemente no había adjetivos para describirlo, por lo que os recomiendo a todos, si os es posible, observarlo. Incluso con prismáticos, merece la pena.


Cúmulo doble de Perseo. En la práctica, era algo más débil, pero igual de espectacular


Y con esto termina la mejor jornada de observación hasta el momento. Espero que hayan disfrutado tanto como yo disfruté al ver estos hermosos objetos de cielo profundo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Alunizando de nuevo

¡Hola!

Ha pasado mucho tiempo desde que no veo la luna. Y llevo unas semanas intentándolo. El problema era que estaba menguante (salía demasiado tarde) o bien, cuando estaba creciente, tenía que esperar a que el cielo estuviera oscuro, y entonces la luna se encontraba en la zona de inaccesibilidad (ver "Cúmulo globular")... hasta ayer.

El cielo estaba bastante oscuro. Se podían ver las estrellas más brillantes. La luna, aún visible, estaba alta sobre el horizonte, y mostraba una hermosa forma gibosa. Con el telescopio preparado, me dispuse a observarla, primero con el ocular de 25mm y el filtro de neodimio. Perfecto. Seeing espectacular, la luna no vibraba. Los cráteres Tycho, Clavius y Copérnico eran los que más se resaltaban entre el resto de cráteres.



La Luna completa



Al norte, destacaba la coordillera de los Montes Jura, que rodean a Sinus Iridum, el cual aparecía cubierto en sombras, pues solo era visible la parte más occidental, donde se situaba el Promontorio Laplace. Algo más al este, aparecían los Montes Recti, los Montes Tenerife y el fabuloso circo de Platón.



Montes Jura y Platón



Algo más al sur, no hay mucho que destacar, salvo algunos circos, como Arquímedes, hasta llegar al hermoso circo de Copérnico. Ahí estaba, definido, con su forma ligeramente hexagonal y mostrando sus terrazas y sus picos centrales. Al norte de éste, los Montes Carpatus. Al este, Eratostenes y los Apeninos, los cuales se veían como una ligera linea oscura, pues estaban ya unos 15º en la zona iluminada. Al sur, Lansberg, el cual estaba más cerca del terminador que Copernicus, y Reinhold.



Copérnico



Más al sur, los Mares Cognitum y Nubium, donde se situaba el circo de Bullialdus. Más al este, podíamos distinguir, aunque no fácilmente, el trío Tolomeo-Alfonso-Arzachel, junto al crater Alpetragius.



Mare Cognitum, Mare Nubium y el trío central



Por último, en la parte más meridional, aparecían numerosos e incontables cráteres. Destacaban Tycho, en el que se distinguía el pico central, Clavius, con su cadena de cratercillos en el interior, Scheiner y Blancanus, ambos muy cerca de Clavius, Maginus, el cual no daba mucho relieve pero se mostraba de gran tamaño, y el trío Wilhelm-Montanari-Longomontanus. En el polo sur, destacaban los circos de Klaproth-Casatus y Newton.



Detalle de la parte meridional selenita



Estos detalles pudieron verse con el ocular de 10mm, mientras que con la Barlow y el mismo ocular se podían ver más detalles.



Por último, y una vez la Luna pasó a la zona de inaccesibilidad, me propuse volver a visitar M-22. Solo había un pequeño problema: la Luna estaba en Sagitario, por lo que toda la constelación, salvo Nunki, Ascella y Kaus Australis, era invisible a simple vista. Gracias al Sky Atlas 2000 y al buscador, logré encontrar Kaus Borealis, y de ahí, desviando el telescopio hacia el este, encontré el cúmulo, el cual, a causa de la Luna cercana y casi llena, no mostró tanto detalle como en la observación anterior; aun así, seguía siendo hermoso.

lunes, 1 de agosto de 2011

Cúmulo globular

¡Hola!

Tras bastante tiempo, he vuelto a la observación telescópica de espacio profundo. Mis últimas observaciones telescópicas de ese tipo son las de, o bien alguna estrella doble, o bien la Gran Nebulosa de Orión (M-42/NGC1976) y las Pléyades (M-45). Por lo tanto, ¿qué mejor época que esta para quitarse el mono, con el gran núcleo galáctico pasando por el meridiano a medianoche?



Centro galáctico en una noche de verano

Centro galáctico en una noche de verano


Tras preparar el telescopio, apunté a Alpha Aquila para hacer unas calibraciones. Con un programa instalado en el móvil, junto a su acelerómetro, hice unas mediciones, que consistían, básicamente, en medir la distancia angular entre el horizonte y la estrella. Tras calibrarlo (tenía un error algo mayor de 1º) con el programa "Cartes du Ciel 3.2", que me daba las coordenadas altazimutales, pasé a apuntar otra estrella, en este caso, se trató de Kaus Borealis, de Sagitario. El objetivo no era otro que comprobar la calibración (al igual que se hace al alinear una montura ecuatorial: pasar de una estrella a otra para comprobar la declinación). En este caso, el error era despreciable, coincidiendo con el margen de error del programa. Incluso con un error de esa magnitud a la hora de apuntar a cualquier objeto, éste aparecía cercano al centro del campo con el ocular de mayor focal, y dentro del campo en el de menor.



Programa Cartes du Ciel

Programa Cartes du Ciel


Tras dichas calibraciones, me dispuse a apuntar a los más conocidos objetos de la zona. Por desgracia, los objetos que quería apuntar, Laguna y Trífida, estaban muy al oeste, lugar inaccesible con el telescopio desde ese lugar de observación. Entonces, miré el atlas y encontré un objeto en el que, anteriormente, no había reparado. Estaba situado unos 2,5º al este de Kaus Borealis. Su magnitud aparente, de 5,1, lo hacía suficientemente brillante como para que se pudiera ver a simple vista, siempre que no hubiese contaminación lumínica. Y aun con ésta, se podría ver con cualquier anteojo, a no ser que la contaminación fuese muy fuerte. Exacto, estoy hablando de M-22. Apunté, entonces, hacia esas coordenadas. En el límite. Si hubiera esperado unos 5 minutos más, M-22 sería tan inaccesible como Laguna y Trífida. Miré por el buscador para centrarlo lo más posible en el ocular. No lo veía. Espera. ¡Lo veo! Una estrella débil y difusa, en la zona donde debía estar el cúmulo. Lo centro en el buscador y pongo el ocular de mayor focal (25mm) junto al filtro de neodimio, que resta algo de contaminación lumínica.

Miro por el ocular. Sí, aparece centrado. El cúmulo aparece como una pequeña nube aproximadamente esférica, en la que no se podían separar muchas componentes. Algo normal. Como muchos de vosotros sabeis, al observar un objeto no estelar, hay que estar observando bastante tiempo para que el ojo coja detalles, se acostumbre al objeto...



Simulación de la vista del cúmulo

El cúmulo se veía más o menos así. Dibujo de Mariano Gibaja


Tras 2 minutos, M-22 ya se apreciaba como una nubecilla de estrellas, algo débil, debido a la contaminación y a que sólo medio primario recogía su luz, pues la otra mitad había pasado ya a la zona de inaccesibilidad. Sin embargo, tenía ya muchos detalles, como, por ejemplo, que su forma no era totalmente esférica, sino que era alargado. Las estrellas, que ya se podían individualizar en gran medida, parecían azules, a pesar de que sabía que eran rojas. El espectáculo era tan bello que olvidé uno de los detalles más básicos de la observación de objetos débiles: no utilizar la visión directa, sino que, con el objeto en el centro del campo, mirar al borde de dicho campo. Cuando lo recordé, me dispuse a realizarlo. El cúmulo cambió notablemente. Estrellas antes no visibles aparecieron rápidamente. La forma del cúmulo se definió aún más. Entonces, el cúmulo, en su totalidad, entró en la zona de inaccesibilidad, mientras que yo, al igual que con lo que es bueno, me quedé con ganas de más.

sábado, 26 de septiembre de 2009

El otoño

Las vacaciones se acaban... poco a poco, hace más frío.
En el cielo los cambios son grandes, Júpiter nos abandona, pero le sustituye Marte, que va apareciendo por el Este. Marte es uno de los 3 únicos planetas que nunca he visto, salvo a simple vista. Por lo tanto este invierno intentaré verle y, con suerte fotografiarle.
También vuelven las famosas y deseadas constelaciones de invierno, entre las cuales destaca el gran cazador, Orión. Fue precisamente con su nebulosa con la que bauticé mi telescopio en el campo del cielo profundo. Me acuerdo todavía, ese aspecto suave y delicado, una visión fantástica, prácticamente me quedé enamorado de ella. Por desgracia solo la ví 2 o 3 veces más, pues llegó el verano y desapareció.


También vuelven las famosas 7 hermanas, las Pléyades. Fue el segundo objeto de espacio profundo que vi. También me fascinó mucho. Pensar que todos esos puntitos son soles como el nuestro, y que todos caben en un campo tan pequeño, no tiene precio.


En conclusión, aunque pierda a los planetas Júpiter y Neptuno (si, este también le he visto este verano), gano a Marte y otros objetos exóticos cuya belleza es descomunal.